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Mostrando las entradas de agosto, 2017

It's gonna be a beautiful night (?)

Esos días en que todo duele. Y lo que ya dolía duele más, quema, desgarra, mata un poco. Pero así soy. Había aprendido a usar una persiana metálica, hermética, protectora de esa sensibilidad característica, de la empatía -ese don que no pedí-, y la psicoterapia me "ayudó" a desaparecerlo, y quedé entonces desguarecida. Prince se murió, duele. Puedo escuchar todas sus canciones ahora, duele. Mamá, duele. Mi hermano, duele. Mi oscuridad y mi confusión y mi desconcierto, duelen. No soy de esas personas que saben lo que quieren y qué deben hacer para lograrlo. Pero, en verdad, no quiero serlo.

Nada es tan importante

Se trata hoy de la vieja y enferma (y enfermiza, y enfermante) costumbre de sacralizar, de santificar, de convertir en intocables determinados preconceptos (preconcebidos en épocas inmemoriales de mi propia historia, o incluso de la de mis antecesores), de instaurar un paradigma con pretendido destino de eternidad en el mármol pesado y frío de una inevitable lápida. Paradigmas que existen para ser cambiados, como las leyes de la previsibilidad están hechas para ser ignoradas. Un paradigma empieza a convertirse en obsoleto en el instante en que fue creado y creído. Exactamente como tu pelo empieza a crecer y desarma el estilo, el color y el corte desde el momento en que lo mirás por primera vez en el espejo de la peluquería, antes incluso de haber pagado por él. Porque el cambio es lo único constante, la cualidad de impredecible es lo único predecible. La Humanidad parece alimentar constantemente y desde hace miles de años, esa manía por el control que conduce a infinitos tipos ...