Nada es tan importante
Se trata hoy de la vieja y enferma (y enfermiza, y enfermante) costumbre de sacralizar, de santificar, de convertir en intocables determinados preconceptos (preconcebidos en épocas inmemoriales de mi propia historia, o incluso de la de mis antecesores), de instaurar un paradigma con pretendido destino de eternidad en el mármol pesado y frío de una inevitable lápida.
Paradigmas que existen para ser cambiados, como las leyes de la previsibilidad están hechas para ser ignoradas.
Un paradigma empieza a convertirse en obsoleto en el instante en que fue creado y creído.
Exactamente como tu pelo empieza a crecer y desarma el estilo, el color y el corte desde el momento en que lo mirás por primera vez en el espejo de la peluquería, antes incluso de haber pagado por él.
Porque el cambio es lo único constante, la cualidad de impredecible es lo único predecible. La Humanidad parece alimentar constantemente y desde hace miles de años, esa manía por el control que conduce a infinitos tipos de fracaso, una y otra vez, lo cual no parece hacer disminuir tales ansias de un poderío imposible.
Pero la ilusión de control sobre uno y sobre otros, sobre lo demás, permanece, tan atractiva como falsa. Quién más, quién menos, caemos en sus redes. Espejitos de colores para Occidentales cultos.
Y entonces alguien dijo: "Soltar..."
Y se transformó inmediatamente en un slogan, perdiendo toda fuerza.
Y alguien se lo tatuó, negándose así (o complicando un poco) la posibilidad de cambiar ESA idea en su vida, si se le diera la gana.
Y se crearon cursos para decir por qué soltar, qué soltar, cuándo y cómo, y a quiénes, y se le puso precio en dinero, y un programa para alumnos y otro para coaches ontológicos, que siempre me hicieron acordar a los decoradores, porque jamás se me ocurriría contratar a alguien que ambiente MI casa. ¡Mi propio espacio, mi lugar, en manos de un ¿experto? a quien además debería pagarle!
Me ha costado mucho desprenderme de la mayoría de las cadenas que me unen al pasado. Nunca fui valiente (ese es un preconcepto, todavía no pude con él, sorry), y "saber" no siempre nos hace libres. "Pensar", mucho menos.
Pero eso ya es harina de otro costal.
Hoy por primera vez me permití sentir al 100% que era feliz sin marido, sin hijos, sin novio, sin trabajo, sin juventud cronológica, sin certezas a futuro, con un par de perros de la calle abrigados en casa, felices y haciéndome feliz con su sabia alegría simple, disfrutando de mi madre que aún me hace reír y pensar a sus años, y me cuenta de vez en cuando alguna anécdota de casi un siglo atrás que nunca le había escuchado antes.
De la misma forma, aunque sin haberlo sentido en carne propia, la escuché y comprendí su emoción al contarme cuando nació mi hermano mayor, su incredulidad al verlo y saber que había estado en su panza, creciendo, como parte de ella, y luego entonces allí, una criatura que dependía de ella, pero no era ella. "Un milagro", dijo que le parecía. Que "se tarda en caer", dijo.
Me resulta difícil imaginar un día mejor aprovechado, y no tengo ningún interés en saber si alguien lo entiende, y mucho menos si está de acuerdo conmigo.
PD: Vamos bien. Ya puedo dar dos pasos seguidos por mi habitación sin tropezar con algo. Pero guardo un lugarcito en el corazón para el dolor por mi hombre y su karma, que no puedo (y en realidad tampoco debería) vivir por él, aunque mi parte Luna no puede evitar desear hacerlo para darle un descanso. Respeto al Guerrero. Lo aguardo en su descanso.
Paradigmas que existen para ser cambiados, como las leyes de la previsibilidad están hechas para ser ignoradas.
Un paradigma empieza a convertirse en obsoleto en el instante en que fue creado y creído.
Exactamente como tu pelo empieza a crecer y desarma el estilo, el color y el corte desde el momento en que lo mirás por primera vez en el espejo de la peluquería, antes incluso de haber pagado por él.
Porque el cambio es lo único constante, la cualidad de impredecible es lo único predecible. La Humanidad parece alimentar constantemente y desde hace miles de años, esa manía por el control que conduce a infinitos tipos de fracaso, una y otra vez, lo cual no parece hacer disminuir tales ansias de un poderío imposible.
Pero la ilusión de control sobre uno y sobre otros, sobre lo demás, permanece, tan atractiva como falsa. Quién más, quién menos, caemos en sus redes. Espejitos de colores para Occidentales cultos.
Y entonces alguien dijo: "Soltar..."
Y se transformó inmediatamente en un slogan, perdiendo toda fuerza.
Y alguien se lo tatuó, negándose así (o complicando un poco) la posibilidad de cambiar ESA idea en su vida, si se le diera la gana.
Y se crearon cursos para decir por qué soltar, qué soltar, cuándo y cómo, y a quiénes, y se le puso precio en dinero, y un programa para alumnos y otro para coaches ontológicos, que siempre me hicieron acordar a los decoradores, porque jamás se me ocurriría contratar a alguien que ambiente MI casa. ¡Mi propio espacio, mi lugar, en manos de un ¿experto? a quien además debería pagarle!
Me ha costado mucho desprenderme de la mayoría de las cadenas que me unen al pasado. Nunca fui valiente (ese es un preconcepto, todavía no pude con él, sorry), y "saber" no siempre nos hace libres. "Pensar", mucho menos.
Pero eso ya es harina de otro costal.
Hoy por primera vez me permití sentir al 100% que era feliz sin marido, sin hijos, sin novio, sin trabajo, sin juventud cronológica, sin certezas a futuro, con un par de perros de la calle abrigados en casa, felices y haciéndome feliz con su sabia alegría simple, disfrutando de mi madre que aún me hace reír y pensar a sus años, y me cuenta de vez en cuando alguna anécdota de casi un siglo atrás que nunca le había escuchado antes.
De la misma forma, aunque sin haberlo sentido en carne propia, la escuché y comprendí su emoción al contarme cuando nació mi hermano mayor, su incredulidad al verlo y saber que había estado en su panza, creciendo, como parte de ella, y luego entonces allí, una criatura que dependía de ella, pero no era ella. "Un milagro", dijo que le parecía. Que "se tarda en caer", dijo.
Me resulta difícil imaginar un día mejor aprovechado, y no tengo ningún interés en saber si alguien lo entiende, y mucho menos si está de acuerdo conmigo.
PD: Vamos bien. Ya puedo dar dos pasos seguidos por mi habitación sin tropezar con algo. Pero guardo un lugarcito en el corazón para el dolor por mi hombre y su karma, que no puedo (y en realidad tampoco debería) vivir por él, aunque mi parte Luna no puede evitar desear hacerlo para darle un descanso. Respeto al Guerrero. Lo aguardo en su descanso.
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